Desde el retorno a la democracia por primera vez el peronismo no celebró el Día de la Lealtad en La Calera. El 17 de octubre pasó sin actos ni convocatorias en la ciudad. La ausencia refleja un espacio fragmentado, sin un liderazgo claro rumbo a 2027 y que todavía no logra acomodarse a su nuevo rol de oposición.
El 17 de octubre
es la fecha más importante de la liturgia peronista. Cada año, en cada rincón
del país, militantes, dirigentes y simpatizantes se reúnen para recordar la
movilización de 1945 y reafirmar su pertenencia al movimiento. La Calera no fue
la excepción durante más de cuatro décadas: desde la recuperación de la
democracia en 1983, el peronismo fue una de las fuerzas políticas más
gravitantes de la ciudad y el Día de la Lealtad tuvo siempre su lugar en la
agenda local.
Este año, por
primera vez, eso no ocurrió. El sábado 17 de octubre de 2026 no hubo en La
Calera ningún acto, encuentro ni convocatoria del peronismo para conmemorar la
fecha. Ni las distintas líneas internas ni sus principales referentes
organizaron una celebración, un silencio que en la política local no pasó
inadvertido.
Un espacio sin
rumbo claro
La ausencia de
festejos no es un dato aislado, sino un síntoma del momento que atraviesa el
peronismo calerense. Tras perder la intendencia en 2023, el espacio quedó
dividido y sin una conducción que ordene sus distintas expresiones.
A poco más de un
año de las elecciones de intendente de 2027, el peronismo local no logra
definir detrás de quién encolumnarse. Circulan varios nombres —Facundo Rufeil,
Rodrigo Rufeil, el concejal Gastón Morán y el secretario de Salud de la
Municipalidad de Córdoba, Ariel Aleksandroff—, pero ninguno consigue erigirse
como referencia indiscutida del espacio. A eso se suma el crecimiento de los
sectores que responden a Natalia De La Sota, encabezados en la ciudad por el
dirigente de AOMA Pedro Cuchallo, que amenazan con fragmentar aún más el
electorado peronista.
El difícil
aprendizaje de ser oposición
Más allá de las
internas, en el ámbito político local coinciden en que al peronismo calerense
le ha costado asumir su nuevo lugar. Después de muchos años al frente del
municipio, el espacio se encontró por primera vez en mucho tiempo en la
necesidad de construir políticamente desde la oposición, sin contar con los
recursos del Estado, la estructura de gobierno ni la capacidad de convocatoria
que otorga la gestión.
Organizar un acto
del 17 de octubre requiere militancia, logística y, sobre todo, una conducción
capaz de convocar. Que este año nadie haya asumido esa tarea habla de un
espacio que todavía no encuentra cómo reorganizarse lejos del poder.
Mientras tanto, la
fecha que durante décadas fue sinónimo de unidad y movilización para el
peronismo pasó en La Calera sin bombos ni banderas. Una imagen que, para
muchos, resume mejor que cualquier encuesta el estado actual del movimiento en
la ciudad.


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