La Calera. El servicio de agua potable se ha convertido en uno de los principales focos de tensión política e institucional en la ciudad. En los últimos meses, el conflicto entre la Municipalidad de La Calera y la empresa vinculada a la operación de la planta potabilizadora expuso problemas estructurales de infraestructura, deudas cruzadas y cuestionamientos sobre la responsabilidad de cada actor en la prestación del servicio.
Uno de los episodios más críticos ocurrió cuando una rotura en el ingreso de la planta potabilizadora provocó la interrupción total del suministro durante aproximadamente 48 horas. La emergencia obligó al municipio a declarar Alerta Roja y desplegar un operativo de contingencia para garantizar el abastecimiento de hospitales, bomberos y otros servicios esenciales. La empresa operadora atribuyó el problema exclusivamente a una falla técnica en la infraestructura de ingreso a la planta.
Sin embargo, el conflicto se profundizó semanas después cuando trascendieron versiones sobre una importante deuda municipal con la entidad que administra la planta. Según comunicados difundidos por medios provinciales, la empresa sostuvo que la Municipalidad mantiene una deuda cercana a los 1.200 millones de pesos (acreencia que se está negociando), aunque aclaró que el corte de agua registrado no estuvo relacionado con esa situación financiera sino con la rotura del conducto principal.
Desde la administración del intendente Fernando Rambaldi, en tanto, se ha puesto el foco en la falta de inversiones provinciales en infraestructura hídrica. Durante enero de este año, el municipio reclamó la reparación de un acueducto construido en 1913 que transporta agua hacia las usinas y plantas potabilizadoras de la región. Según la comuna, el deterioro del conducto genera fisuras permanentes, daños en el pavimento y riesgos para viviendas cercanas.
La problemática del agua en La Calera no se limita únicamente a la planta potabilizadora. En las últimas semanas, la Municipalidad también anunció controles más estrictos sobre el consumo y denunció penalmente una conexión clandestina detectada en un barrio cerrado durante la instalación de medidores inteligentes. El caso fue presentado por el Ejecutivo local como parte de una estrategia para mejorar la administración del recurso hídrico y reducir pérdidas en el sistema.
Mientras tanto, vecinos y comerciantes continúan observando con preocupación una situación que combina infraestructura envejecida, reclamos de inversión, disputas financieras y episodios recurrentes que afectan la normalidad del servicio. El desafío para los próximos meses será encontrar una solución coordinada entre municipio, provincia y operadores del sistema para garantizar un abastecimiento estable en una ciudad cuyo crecimiento urbano ha incrementado la demanda sobre una red cada vez más exigida.







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