La normalidad económica argentina, sigue siendo alta.

by - 15 abril


 La inflación de marzo en Córdoba, ubicada en torno al 3,2%–3,4% mensual, marca un punto de inflexión relevante: se interrumpe el proceso de desaceleración observado en meses previos y se consolida un nivel de inflación todavía elevado. En términos anualizados, este ritmo implica una dinámica cercana al 45–50%, lo que evidencia que la nominalidad de la economía argentina continúa siendo alta.

El dato desagregado permite identificar tres motores principales. En primer lugar, los precios regulados explican una parte sustancial del incremento. Rubros como vivienda, servicios públicos y transporte mostraron subas significativas, vinculadas a ajustes en tarifas, combustibles y alquileres. Este fenómeno responde a una decisión de política económica: corregir precios relativos atrasados. De hecho, los regulados crecieron 4,9% y explican una proporción considerable de la inflación mensual.

En segundo lugar, persiste una inflación núcleo elevada (2,9%), lo que indica que la inercia inflacionaria sigue activa. Esto se observa especialmente en servicios, que aumentaron 3,5%, por encima de los bienes (2,9%). La dinámica de servicios suele estar asociada a salarios, contratos indexados y menor competencia, lo que dificulta una desaceleración rápida.

En tercer lugar, los alimentos, particularmente la carne, continúan ejerciendo presión. Aunque el promedio del rubro se alineó con el índice general, se registraron subas puntuales más intensas, con impacto directo en el poder adquisitivo.

A este cuadro se suma un elemento central señalado por Juan Carlos de Pablo: la existencia de un “factor ausente”. El aumento internacional de la energía, asociado a tensiones geopolíticas en torno al Estrecho de Ormuz, aún no se trasladó plenamente a los precios locales. A diferencia de otras economías, donde el impacto fue inmediato, en Argentina este efecto aparece rezagado debido a regulaciones, controles y la administración del tipo de cambio.

Esto implica que la inflación actual podría estar subestimando presiones futuras. Es decir, parte del ajuste todavía no ocurrió, sino que se encuentra diferido. En este contexto, el riesgo no es un salto abrupto, sino una persistencia en niveles elevados, con posibilidad de nuevos impulsos si se trasladan los costos energéticos.

La reacción del presidente Javier Milei, calificando el dato como negativo pero explicable, refleja esta tensión: el gobierno busca consolidar la desinflación sin recurrir a intervenciones distorsivas. En síntesis, la economía argentina transita un proceso de estabilización incompleto, donde conviven correcciones necesarias, inercia inflacionaria y riesgos externos aún latentes.

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