La asamblea extraordinaria de Belgrano dejó una imagen política difícil de ignorar: Rodrigo Rufeil quedó en una minoría muy reducida frente a la conducción de Luis Fabián Artime, que obtuvo un respaldo abrumador para reformar el estatuto del club.
Rufeil, actual vocal de la comisión directiva, acompañó al grupo que cuestionó judicialmente la convocatoria, el padrón, el quórum y la información entregada a los socios. La Justicia finalmente permitió realizar la asamblea y la reforma fue aprobada con apenas dos votos en contra y tres abstenciones. El resultado fortaleció a Artime y dejó a sus opositores sin una base societaria suficiente para disputar la conducción.
Sin embargo, sería apresurado trasladar mecánicamente esa derrota al escenario electoral de La Calera. Allí, Rufeil conserva cierto espacio de poder construido durante sus dos períodos como intendente. Mantiene vínculos territoriales, relaciones dentro del peronismo y llegada al Gobierno provincial. Para la mayoría de los vecinos, además, una discusión estatutaria dentro de Belgrano está lejos de ocupar el centro de sus preocupaciones cotidianas.
La consecuencia puede sentirse en otra escala. Integrar la conducción de uno de los clubes más importantes de Córdoba le ofrecía visibilidad, relaciones institucionales y contacto con sectores sociales y empresariales que exceden ampliamente a La Calera. Belgrano no era solamente un espacio deportivo: también podía funcionar como una plataforma para proyectar su figura provincialmente.
Por eso, el problema no está únicamente en haber perdido una votación. Rufeil intentó ponerle un límite a Artime, recurrió a la vía judicial y terminó acompañado por una minoría ínfima. Esa secuencia puede debilitar su imagen como dirigente capaz de construir consensos más allá de su territorio de origen.
En La Calera, su capital político todavía existe, pero parece diluirse. Desde la derrota del peronismo dividido en 2023, no ha conseguido instalar con claridad una agenda propia ni explicar qué proyecto propone para recuperar el municipio. Una eventual unidad con su primo Facundo Rufeil podría evitar otra fragmentación, aunque no garantiza por sí sola competitividad electoral.
Todavía resta tiempo para las elecciones, pero el reloj político ya inició su cuenta regresiva. Rufeil continúa dentro del juego y conserva un lugar en la mesa. La pregunta es si logrará transformar nuevamente sus contactos, su trayectoria y su estructura en liderazgo activo.
Lo sucedido en Belgrano no determina su futuro en La Calera, pero deja una advertencia para su proyección provincial: tener historia y ocupar cargos no siempre equivale a conservar capacidad de conducción.




























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