Una concejal, dos lealtades: el caso de Analía Marcos

by - 13 enero

 


Desde que asumió su banca como concejal el 10 de diciembre de 2023, Analía Marcos ha sido una figura polémica dentro de la política local de La Calera. Su llegada al Concejo Deliberante se dio de la mano de Juntos por la Calera, una alianza electoral liderada por Fernando Rambaldi, un actor con fuerte peso territorial, lo que hasta cierto punto enmarcaba su rol en un espacio de coalición. Sin embargo, lo que parecía un vínculo funcional se transformó, con el paso de los meses, en una relación política cada vez más distante y conflictiva con su propio partido: la Unión Cívica Radical (UCR).

El epicentro de la controversia radica en la conducta política autónoma y, en algunos episodios, contradictoria de Marcos frente a las estrategias y definiciones del radicalismo local. No es un detalle menor que, en más de una oportunidad, la concejal haya mostrado afinidad con sectores del peronismo local, adversarios políticos de la UCR. Esta cercanía política — e ideológica en ciertos posicionamientos — alimentó tensiones dentro de un partido ya de por sí exigido por la necesidad de cohesión tras años de reconfiguraciones políticas en la región.

Un episodio que cristalizó el choque fue la participación de Marcos en una entrevista radial junto a Ramón Javier Mestre, donde la concejal —según dirigentes radicales consultados— habría desconocido la autoridad de las nuevas autoridades partidarias de la UCR, designadas luego del ordenamiento del Departamento Colón. Ese gesto, lejos de ser un desacuerdo interno más, fue interpretado como un rechazo explícito a la legitimidad orgánica de su propio partido.

La acumulación de estos hechos generó un fuerte malestar en la militancia y en las estructuras locales de la UCR La Calera, que se tradujo en la activación de un proceso de desafiliación en contra de Marcos, formalizado en el acta del Circuito La Calera del 22 de diciembre de 2025. El acta no solo documenta el proceso, sino que pone en evidencia el grado de fractura orgánica alcanzado, al constatar que diversos correligionarios sostienen que Marcos, por ejemplo, no ha presentado en dos años un informe de gestión partidario, una práctica habitual y esperable para un representante que pretende sostener vínculos internos saludables con su fuerza política.

Pero lo más singular del documento es que llegando a su fin ponen en conocimiento de la edil que no cuenta con reconocimiento, aval ni representación orgánica alguna de la UCR ni del comité local.

Qué observaciones y faltas le atribuye la UCR a Analía Marcos

Según lo expresado en el acta circuito La Calera, con la firma de más quince autoridades partidarias, los correligionarios radicales le atribuyen a la concejal Analía Marcos las siguientes observaciones y faltas políticas:

  • Desconocimiento de las autoridades partidarias de la UCR, surgidas tras el proceso de ordenamiento del Departamento Colón, hecho que habría sido expresado públicamente en una entrevista radial.
  • Cuestiona la apropiación de la identidad partidaria del bloque de Marcos ya que carecería de legitimidad.
  • Ausencia total de informes de gestión partidaria: se señala que en aproximadamente dos años de mandato no presentó informes ante el circuito o autoridades del partido, incumpliendo una práctica política habitual y esperada.
  • Conducta política disociada de la UCR, con posicionamientos y votaciones que no fueron consensuados ni comunicados al partido.
  • Vinculación política sostenida con el peronismo local, espacio identificado como adversario directo de la UCR en La Calera.
  • Falta de participación orgánica activa en instancias partidarias locales, reuniones, debates o definiciones estratégicas.
  • Ruptura del vínculo de confianza política entre la concejal y la estructura militante que acompañó su candidatura.
  • Desnaturalización del mandato partidario, al ejercer la banca sin referencia política ni articulación con el espacio que contribuyó a su acceso al cargo.

Desde la perspectiva de la dirigencia radical, la conducta de Marcos exhibe una doble tensión: por un lado, una política de actuación que se percibe como alineada con fuerzas ajenas a la coalición que la llevó al cargo; por el otro, un desdén por la disciplina orgánica que ha erosionado la confianza interna. El resultado es una crisis que trasciende personalismos y pone sobre la mesa un dilema central para la UCR: cómo compatibilizar la autonomía de sus representantes con la cohesión política e institucional que cualquier partido necesita para funcionar y competir eficazmente.

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