La Calera: entre fútbol y sospechas.
Los hechos ocurridos este sábado en barrio Mataderos vuelve a poner en evidencia una tensión que atraviesan a muchas comunidades: la frontera difusa entre la organización vecinal genuina, la disputa política local y las sospechas sobre la presencia del delito en los barrios.

El episodio comenzó con un torneo de fútbol que estaba previsto realizarse en la cancha del barrio Mataderos donde participarían vecinos de Villa Allende — del barrio conocido como La Polinesia—, San Roque y Argüello Norte habían organizado un torneo de fútbol, en torno a una actividad recreativa. Sin embargo, el evento no pudo concretarse porque el predio finalmente no estaba habilitado para ese uso.
el intendente Fernando Rambaldi ha tomado el reclamo de muchos vecinos de barrio Mataderos quienes se acercaron a conversar con el intendente para requerirle que no se haga el evento futbolístico en virtud de que concurren personas de malvivir de la ciudad de Córdoba provocando actos de violencia y consumo de sustancias peligrosas sin control.
La situación tomó otro cariz cuando funcionarios municipales procedieron a retirar los arcos de la cancha. La medida generó malestar entre algunos de los organizadores y derivó rápidamente en un clima de tensión.

En ese contexto apareció también el ex concejal Eduardo Iriarte —conocido en la ciudad como “la Bruja”— quien se acercó al municipio para respaldar a los vecinos que impulsaban el torneo. Su presencia agregó inevitablemente un componente político a un conflicto que, hasta ese momento, parecía limitarse a una discusión por el uso de un espacio público.
Pero el punto más delicado surgió con las acusaciones que comenzaron a circular en redes sociales. Allí se sostuvo que el evento podría haber servido como cobertura para actividades vinculadas al narcotráfico y al consumo de alcohol sin control. Incluso se afirmó que vecinos del propio barrio habían pedido que el torneo no se realizara por temor a episodios de violencia.

Más allá de la veracidad o no de estas versiones —algo que deberá determinar la justicia— lo cierto es que la situación escaló rápidamente. Durante la protesta, algunos manifestantes arrojaron piedras contra un camión municipal, provocando daños al vehículo y lesiones a un trabajador del municipio.
Lo sucedido en Mataderos deja varias preguntas abiertas. ¿Se trataba de una actividad barrial mal organizada o de algo más complejo? ¿Qué ocurre en barrio Mataderos respecto a la seguridad de los vecinos?
En barrios donde las heridas sociales son profundas, el deporte suele ser una herramienta de integración. Pero cuando aparecen sospechas de violencia o narcotráfico, la confianza comunitaria se resquebraja.
La Calera enfrenta, una vez más, el desafío de distinguir entre la legítima vida barrial y aquellas dinámicas que amenazan con degradarla. Y hacerlo, sobre todo, con las acciones necesarias evitando un campo de batalla.



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