La recuperación de cauces y la eliminación de basurales muestran capacidad municipal de intervención. El desafío de fondo es sostener ese trabajo y ofrecer seguridad a las familias que viven junto al Suquía.

Más de 3.600 metros de canales despejados, más de 60 camiones de basura retirados del camino de la Viuda y unas 300 familias expuestas a posibles crecidas del río Suquía. Las cifras publicadas por La Derecha Diario permiten reconocer un problema común: el vínculo entre mantenimiento urbano, deterioro ambiental y vulnerabilidad habitacional.


Según esas publicaciones, la Municipalidad de La Calera desarrolla tareas de limpieza con maquinaria propia, interviene sobre basurales y releva las viviendas ubicadas en las márgenes del río. Son acciones que apuntan a recuperar capacidad de escurrimiento, reducir la acumulación de residuos y preparar a los vecinos ante una emergencia.

La disponibilidad de equipos municipales tiene un valor concreto: permite organizar intervenciones con recursos propios. El punto más delicado está en las familias asentadas junto al Suquía. Informarlas sobre el peligro y establecer lugares de evacuación resulta necesario, siendo un paliativo a su exposición. La protección de esas familias ocupa el centro de la discusión para la actual gestión

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La gestión de Fernando Rambaldi muestra, una orientación preventiva que merece ser valorada. Su alcance dependerá de la continuidad del mantenimiento, del control para evitar nuevos basurales y de las respuestas que puedan construirse para la población expuesta.

La conclusión es clara: una ciudad empieza a ser más segura cuando se interviene antes de la emergencia; consolida esa seguridad cuando la prevención se vuelve una política sostenida y llega también a quienes carecen de un lugar seguro para vivir.


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