La Calera: gobernar también es avanzar.

by - 07 enero

 


Durante años, el problema estuvo a la vista de todos. Vehículos abandonados, depósitos colapsados, motos sin dueño, autos sin papeles y chatarra acumulada como símbolo de una administración sin respuestas. Recién ahora, en una sesión extraordinaria, el Concejo Deliberante decidió ponerle nombre jurídico a un desorden que él mismo toleró durante décadas.

El dato político más relevante de la sesión extraordinaria del Concejo Deliberante de La Calera no estuvo tanto en el texto de la ordenanza, sino en el resultado del tablero de votación. Cuatro manos levantadas. Cinco silencios. Ningún voto en contra. Así se aprobó uno de los proyectos más sensibles impulsados por la gestión de Fernando Rambaldi.

El oficialismo, sin mayoría propia, volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: empujar la agenda. Los dos temas tratados fueron iniciativa exclusiva del Ejecutivo, y el debate se abrió con argumentos técnicos, referencias normativas y una clara intención de ordenar problemas heredados, como el destino de los vehículos secuestrados y abandonados que durante años saturaron depósitos municipales.

La sorpresa vino del otro lado del recinto. Los concejales opositores ingresaron con una actitud constructiva, sostuvieron un intercambio respetuoso y eligieron una posición poco habitual en la política local: la abstención. Dejaron avanzar.

La ordenanza aprobada no es un gesto menor: establece reglas claras, transparentes y ajustadas a normativa nacional. Ordena el futuro. Y lo hace en un contexto político donde gobernar implica negociar cada voto.

El debate dejó al descubierto falencias estructurales —vacíos normativos, ausencia de digesto, años de desorden administrativo—, pero también mostró algo poco frecuente: un Concejo capaz de discutir sin convertir cada diferencia en una trinchera.

La ordenanza fue aprobada. El oficialismo avanzó. La oposición tomó nota. Nadie celebró. Nadie perdió. En tiempos de polarización extrema, eso ya es un dato político en sí mismo.

Porque a veces gobernar no es construir mayorías, sino evitar que el desacuerdo se convierta en bloqueo. Y esta vez, al menos por hoy, La Calera eligió ese camino.

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